Se me escapó, y fui sincera con ella. No sé como fue, pero acabe diciéndole que me caía como una patada en el escroto. Después intenté arreglarlo diciendo, que no debía preocuparse porque yo no tenía escroto (ya no). Por lo que simplemente no me caía.
Y eso aún le sentó peor, así que le dije, bueno da igual, total si me la suda lo que pienses. Así que ahora, he de cambiar de bar donde desayunar. No me gusta el café con escupitajos.